Mereces una subvención

Haz feliz a quien va a evaluar tu proyecto

Tener que resolver textos como quien resuelve misterios no es precisamente lo que quieren las personas que tienen que leerlos para decidir si otorgar o no una subvención.

Examinar proyectos así —escritos como si fueran trampantojos con caminos que no llevan a ningún sitio y con ascensores que ni suben ni bajan— es como intentar concentrarse mientras en el piso de al lado están tirando tabiques a martillazos.

Aconsejo no enredar más el lío y sí apostar por esa frase tan célebre de las novelas policíacas: aténgase a los hechos. Es decir, nada de irse por las ramas.

No obstante, si se quiere embellecer el texto con algo de literatura, yo digo: ¡adelante! Ahora bien, el embellecimiento debe ser estratégico, como todo en esta vida que aspira a ser, además de bonito, útil.

Así que eliminemos las pistas falsas y concentrémonos en redactar un proyecto que ponga el foco en lo que importa, el objetivo social que se quieres lograr, y en aquellos datos que servirán para destacarlo como se merece.

Saca esas historias a la luz

Tu blog debe ser como una noche alrededor del fuego

«Era un chino errante llamado Cheng Huan que vivía en el barrio chino, y una chica llamada Shirley…»

Y, si recordáis, a partir de esa frase de Robert Redford, Meryl Streep se inventa toda una historia que atrapa a sus dos invitados durante el resto de la velada. Lástima que en la película, Memorias de África, la música nos deje con las ganas de saber cómo se desarrolla la historia hasta llegar a ese final tan triste, ¿recuerdas?

A la luz del fuego de una hoguera de campamento o de una chimenea de invierno los cuentos bien narrados se convierten en experiencias inmersivas que nos mecen entre sus tramas y se nos quedan dentro para siempre.

Y aunque parezca difícil, tecleando en Baskerville, Didot, Avenir Next o en el tipo de letra que prefieras, también es posible crear una historia susurrada al oído.

—¿No se alegran de que haya traído mi cristalería y mi porcelana? —pregunta Streep después de terminar su historia improvisada.

—Y sus relatos —le contesta Redford.

Aunque pienso que lo que él quiso decir fue: «Sobre todo, sus relatos».

Cuenta mucho y sé breve

Transformemos tu web en un buen guion.

Está muy bien sentir el peso de La saga de los Forsyte sobre las piernas, experimentar la angustia de Cumbres borrascosas con el ceño fruncido y descubrir los tesoros escondidos en Don Quijote de la Mancha. Qué maravilloso es leer historias sin mirar el reloj.

No ocurre lo mismo con los sitios web. Estos no son novelas ni un placer. Los sitios web tienen misiones pragmáticas que cumplir: vender productos o servicios, conseguir más socios y socias, atraer a mecenas… Y, como ya sabes, todas esas personas tienen prisa.

Las webs no se leen, se les echa un vistazo y ya.

Así que métete en un ascensor, pulsa el número del último piso y explica en voz alta en qué consiste tu fin social, cómo lo llevas a cabo, qué lo hace importante y qué necesitas. Si cuando se abra la puerta has logrado resumirlo a la perfección, enhorabuena: ya tienes los mensajes de tu web. Ahora solo hay que ponerlos bonitos.

Preséntate a lo grande

Convirtamos tus envíos de correos en un acontecimiento.

Ningún correo electrónico que envíes causará jamás tanta emoción como un mensaje dentro de una botella encontrada en el mar.

Imagínatelo.

Es un amanecer de otoño y no hay nadie en la playa. Tú llevas un buen rato nadando y te has alejado tanto de la orilla que el frío ya es insoportable. Decides volver y, justo cuando estás pensando en el café caliente y las tostadas que vas a desayunar, te encuentras una botella con un papelito dentro.

Ya en casa, quitas el corcho de la botella, la sacudes para que el contenido llegue hasta la boca, coges unas pinzas y, con muchísimo cuidado, apresas con ellas esa hojita enrollada.

Cuando tienes en tus manos el papel te sorprende lo seco que está. De repente, lo dejas sobre la mesa; quieres retrasar un poco más la emoción de desenrollarlo porque ¿y si después de todo no hay nada escrito?, ¿y si solo es una tontería, un juego infantil? o, peor, ¿y si se trata de una estratagema publicitaria?

Finalmente, lo vuelves a coger y lo vas desenrollando poquito a poco. ¡Sí! ¡Hay algo escrito!

Y lees lo siguiente: Tienes un email.

Corres a tu ordenador y, efectivamente, ¡ahí está!, es un correo electrónico del mismísimo mar. Lo abres y empiezas a leerlo con el corazón a mil: A quien haya encontrado mi mensaje: por favor…

Y sigues leyendo y leyendo y te olvidas del café, de las tostadas y del resto del mundo.

Es verdad que nunca encontraremos una botella con un mensaje así, pero sí se puede escribir emails que aunque no contengan esa magia sean capaces de emocionar.